El resumen [1]


El resumen tiene dos funciones, una para quien lo hace y otra para quien lo lee.
Pienso que hacerlo es mucho más importante que leerlo.
El arte del resumen es importante y muy útil, y se aprende haciendo muchos resúmenes.
Hacer resúmenes enseña a condensar las ideas. En otras palabras enseña a escribir.
(Umberto Eco, 1985).
El estudiante requiere procesar las grandes cantidades de información que adquiere a través de la lectura,
-pues permanentemente debe presentar informes, trabajos y exámenes- para lo cual es necesario desarrollar la habilidad de decantar el contenido de los textos con el fin de extraer lo fundamental y descartar lo superficial. Para lograr esto debe aprender a resumir, porque esta actividad le permite:

1. Comprender mejor los textos, porque lo obliga a realizar una lectura cuidadosa y selectiva.
2. Almacenar de manera sintética la información que contienen los textos.
3. Reconstruir el contenido de los textos a partir del resumen.
4. Preparar de una manera más ágil sus exámenes y trabajos.
El texto puede compararse con un árbol, y el resumen con un bonsái de dicho árbol. En el texto original el tema está expandido, se desarrolla con todos sus detalles. En el texto resumen la información está comprimida; pero desde el punto de vista del significado, el texto original y el resumen dicen, en esencia, lo mismo. El árbol se ha desarrollado libremente; el bonsái ha nacido de una semilla igual, pero ha sido manipulado de tal manera que tiene las mismas características del árbol, pero es mucho más pequeño. Cuando elaboramos un resumen tenemos que escribir un texto equivalente al original, por eso debemos utilizar sólo la información más importante. Y para lograrlo, es necesario suprimir, generalizar y construir parte de la información que trae el texto.
Comparando de nuevo el texto con una planta, hacer el resumen es como podar la planta; bien sabemos que la planta hay que podarla con cuidado, porque tiene partes que se le pueden recortar, pero tiene otras que al suprimirlas le ocasionan la muerte.

Es necesario aclarar que sólo un texto bien escrito, es decir, que tenga unidad temática y sea coherente, puede ser resumido. Sin embargo, un lector crítico y con una cultura amplia puede llenar los vacíos de los textos que tienen problemas de escritura y lograr con el resumen dar una idea más precisa que la del texto original.
Un texto es coherente cuando se logra captar en él un hilo conductor, o sea, un tema alrededor del cual gira todo el escrito; además, si entre sus partes se establecen conexiones lógicas, de tal forma que su significado total se derive de la integración del significado de todas sus partes. De ahí, que el primer paso para la comprensión de un texto y, por consiguiente, para la elaboración de un resumen, sea captar el tema. El tema es la columna vertebral del escrito, es el que determina su coherencia, porque en torno a él se estructura el mensaje. El destinatario (lector) debe ser capaz de encontrar el núcleo informativo fundamental del texto; para lograrlo debe seguir, en cierta forma, el proceso contrario al utilizado por el destinador (escritor), quien expande el tema inicial. Dicho de otra manera: “El destinatario debe ir reduciendo las informaciones que le son transmitidas, limitándose a lo “fundamental”, hasta llegar al núcleo informativo” (Bernárdez: 1982: 155).
El tema de un texto se puede expresar por medio de una palabra temática, por ejemplo: soledad, violencia, pobreza, economía, política. También se puede expresar por medio de una oración temática, o incluso en una frase. (…) Sin embargo, no en todos los casos el título orienta suficientemente al lector acerca del asunto central del texto, por ser muy general o porque la intención del destinador no fue asignarle al texto un título temático. (…) Una vez el lector ha captado el núcleo informativo del texto, es decir, el tema, puede proceder a elaborar el resumen. Van Dijk propone la aplicación de tres reglas para la elaboración de este. Tales reglas nos proporcionan criterios para seleccionar la información que debemos conservar y la que debemos suprimir, y para determinar cuáles conceptos se pueden generalizar.

La primera regla, denominada de la supresión, nos indica que de un texto podemos suprimir todas aquellas oraciones cuya información no sea necesaria para entender las demás. Esto quiere decir que deben suprimirse los detalles, los ejemplos, las repeticiones, comentarios y todo aquello que se considere innecesario para construir el sentido global del texto. Comparemos la supresión con la reforma que se puede hacer en una casa o en un edificio. Se pueden eliminar aquellas partes que no pongan en peligro la estabilidad de la edificación. Se pueden derribar paredes, eliminar puertas, ventanas, corredores, techos y otras partes; pero no se pueden suprimir ni las bases, ni las columnas, ni las vigas, ni los muros cargueros.
En el fragmento siguiente vamos a aplicar la regla de la supresión. “Birdsall afirmó que la sociedad civil es un nuevo socio con muchas caras, que lo han convertido en anónimo, y que ahora debe desempeñar un papel destacado para que los ciudadanos participen en la toma de decisiones”. Para seguir entendiendo el texto debemos recordar sólo lo siguiente: La sociedad civil debe participar en la toma de decisiones. En diez palabras se dice, en esencia, lo mismo que en 37.
La segunda regla, la de la generalización, nos proporciona criterios para presentar la información de una manera más sintética, pero no suprimiendo, como en la regla anterior, sino englobando la información en oraciones que agrupen y recojan las ideas que pueden generalizarse. Si se trata de enumeraciones, debemos emplear palabras que designen el conjunto: por ejemplo, en lugar de Pedro, Luis, Carlos y Roberto, podemos escribir los estudiantes, los niños, los trabajadores, según el caso. Por ejemplo: si en un texto se habla de: vendedores callejeros de mangos, de naranjas, de aguacates, de mandarinas, etc. Podemos generalizar, y decimos que en el texto se habla de los vendedores ambulantes de frutas.

Si en el mismo texto o en otro nos hablan de los recogedores de cartón, de vidrio, periódicos, chatarra y otros materiales que se descartan, podemos generalizar diciendo que el texto habla de los recicladores; y si generalizamos las dos ideas podemos decir que el texto habla de subempleados que viven de la economía informal. Cuando se presentan oraciones que pueden generalizarse, se condensan en una oración temática, es decir: en una oración que se derive del sentido que tienen todas las que se agrupen. Esta regla debe aplicarse con cuidado: no debe generalizarse hasta el extremo de que el texto se despoje de su contenido. Si decimos: alguien dijo algo de alguien, no estamos comunicando nada; se perdió toda la información.
La tercera regla, de la construcción, nos indica que, dada una secuencia de oraciones, se puede elaborar una oración (proposición) que contenga el sentido total de la secuencia y que la sustituya. La aplicación de esta regla implica una reelaboración del texto por parte del lector, pero exige conservar el sentido original. Este sentido se reelabora a partir de los marcos de conocimiento que posee el lector y del contexto en el cual se produjo y se interpreta el texto. Además, el lector debe construir con sus propias palabras ideas que, en el texto, están diseminadas en varios párrafos; o que fueron expresadas de manera compleja o imprecisa. Veamos un ejemplo.
Los párrafos que siguen son la continuación de la información que trae el párrafo que se utilizó como ejemplo de la regla de la supresión.
“Puso de manifiesto la importancia de que se consulte a la sociedad civil y de que exista consenso y concordia para el bienestar común. ‘El desarrollo sostenible sólo se logrará si se incorporan al desarrollo los que antes habían sido excluidos’, señaló. En este contexto agregó que la sociedad civil en Latinoamérica está compuesta por más de un millón de organizaciones, entre no gubernamentales, sindicatos, asociaciones empresariales, culturales y de salud, y dijo que el BID reconoce el potencial de una ‘alianza’ entre gobiernos, empresas y ciudadanos”. (EFE, 1998: 11B).
De todo este fragmento, se puede construir la siguiente idea: Para lograr el desarrollo sostenible en Latinoamérica, se debe contar con la participación del millón de organizaciones que conforman la sociedad civil.
Es necesario aclarar que la aplicación de las reglas o macrorreglas para la elaboración del resumen no es mecánica, sino que desde la primera lectura podemos estar construyendo, suprimiendo y generalizando simultáneamente. También es conveniente recordar que hay textos que no permiten la aplicación de todas las reglas. Con respecto a la aplicación de éstas Van Dijk (1980: 52) afirma:
Aunque las macrorreglas tienen una naturaleza general y definen principios generales de reducción de información semántica, en la práctica no todo usuario de la lengua aplicará las reglas de la misma manera. Intuitivamente sabemos que cada lector/oyente encontrará importantes o pertinentes diferentes aspectos del mismo texto, según la tarea, los intereses, el conocimiento, los deseos, las normas, y los valores del usuario; éstos en conjunto, definen el estado cognoscitivo contextual particular al usuario de una lengua en el momento en que interprete el texto.
Finalmente, después de aplicar las reglas para condensar la información, el lector debe elaborar un nuevo texto, que, en su significado, sea equivalente al texto original. Es decir, debe construir un texto similar al original, pero mucho más corto.
Ver ejemplo No 1
Ver ejemplo No 2

[[#_ftnref1|[1]]] HENAO SALAZAR, José Ignacio. La lectura pasaporte a la universidad. Documento en línea. Universidad de Antioquia Facultad de Educación, Medellín. 2008. Disponible en: http://www.medellin.edu.co/sites/Educativo/repositorio%20de%20recursos/la%20lectura%20pasaporte%20segunda%20impresion.pdf consultado el 2 de Noviembre de 2010.